El mosquito tigre


Con la llegada del calor aparece el mosquito tigre, que puede arruinar cualquier jornada jardinera si su ataque no se ataja a tiempo. Y es que esta especie migratoria del sudeste de Asia produce molestísimas picaduras durante el día, justo al contrario que las especies autóctonas.

El mosquito tigre se dio a conocer en nuestro país en el verano de 2004, cuando la localidad catalana de Sant Cugat del Vallés sufrió una plaga. Desde entonces se ha convertido en una especie habitual de la época estival que se ha extendido por prácticamente todo el país. El Aedes albopictus -así se le denomina científicamente es originario del sudeste de Asia, pero posee un rango de adaptabilidad muy alto que ha facilitado su rápida migración a los demás continentes.
Sus Características
La coloración negra de su piel, así como las rayas blancas que atraviesan su tórax y abdomen, le convierten en un ejemplar fácilmente reconocible frente al resto de los de su especie. La hembra posee una trompa fina y alargada, la probóscide*, que utiliza para picar y extraer sangre de vertebrados, sobre todo de mamíferos y aves. Por el contrario, los machos de la especie son inofensivos, pues sólo se alimentan de néctar.
El mosquito tigre suele poner sus huevos en recipientes con agua estancada como jarrones, floreros o platos de macetas. Es en este medio donde se desarrollan las fases de larva y pupa*, hasta que fi nalmente se transforma en adulto. Nunca vuela lejos de su criadero, por lo que la mejor manera de controlarlo es evitar recipientes donde se acumule el agua. Si no es posible, se pueden usar medios de control como larvicidas, disponibles en el mercado.
Los ejemplares miden entre 5 y 10 mm y la principal diferencia entre esta especie y el resto de los mosquitos es que sus picaduras se producen durante el día, mientras que por la noche se refugia entre la vegetación. Suele picar en las extremidades inferiores y es prácticamente imposible evitar la picadura.
SÍNTOMAS QUE PRODUCE
Cuando se sufre una picadura de mosquito tigre los síntomas pueden ser muy diferentes, ya que dependen del tipo de insecto y de la persona aectada. Aún así, la mayoría de las personas experimentan dolor localizado, enrojecimiento o hinchazón. También se puede sentir hormigueo, entumecimiento o sensación de ardor en la zona dañada.
En algunos casos se pueden experimentar reacciones alérgicas graves, que pueden requerir atención médica. En estas situaciones es fundamental examinar las vías respiratorias de la víctima para comprobar que no se obstruyen e intentar mantenerla calmada hasta que sea atendida por un médico.
En zonas endémicas*, esta especie puede resultar altamente peligrosa, ya que puede ser transmisora de enfermedades como el dengue o la fiebre amarilla, ambas muy comunes en América Central, del Sur y en la zona del Pacífico. En el continente europeo es prácticamente imposible la transmisión de dichas enfermedades, pues son características de países tropicales.
PREVENCIÓN Y ERRADICACIÓN
Sólo las hembras pican, y lo hacen porque se sienten atraídas por la concentración de aromas que las personas portan sobre su piel. Para evitar el ataque en las zonas de exterior, conviene usar insecticidas específicos, capaces de crear áreas libres de mosquitos con una duración mínima de 8 horas; estos productos, que se impregnan en las superfi cies lisas, evitarán que estos insectos acudan a las zonas de esparcimiento.
Se recomienda, asimismo, controlar las acumulaciones de agua donde puedan proliferar las larvas. En cualquier caso, en el mercado hay larvicidas que evitan su proliferación en aguas estancadas.