Huerto doméstico


Cultivar las propias verduras es una manera excelente de contribuir a una dieta nutritiva. Y no hay nada como servir deliciosas comidas preparadas con ingredientes sabrosos y de cosecha propia. Pero cuidar de la salud y la felicidad de su familia significa, ante todo, cuidar de su huerto.

Preparación

Lo primero que debe hacer es decidir qué verduras quiere cultivar. Y no se deje influenciar por sus papilas gustativas: si vive en una región fría y lluviosa, es preferible que no intente cultivar guindillas. Elija hortalizas adaptadas a las condiciones climáticas locales y pregunte en su centro de jardinería qué variedades resisten mejor las enfermedades que hay en su zona.
Ahora ya está listo para la tarea que muchos jardineros consideran la más importante: la preparación del suelo. Su pequeño huerto necesitará gran cantidad de aire y nutrientes para que las semillas o los brotes tengan un buen comienzo. Trabaje con mucha materia orgánica, como el compost, añadiendo un fertilizante si es necesario, y procure no compactar la tierra cuando transite por ella, puesto que al estar suelta permitirá el paso del aire y el drenaje del agua. El suelo también debe estar libre de malas hierbas, así que arranque las que vea en la superficie y elimine las raíces de las de tipo perenne.

Plantación

Cuando esté listo para plantar, asegúrese de hacer la siembra respetando las indicaciones relativas a la profundidad y la separación. ¡Para eso los paquetes de semillas vienen con instrucciones! A nadie le gusta estar apretujado, ni siquiera a las verduras, y si lo están obtendrá unas cosechas más pobres. Si transplanta de semilleros, cave justo lo suficiente para que la parte superior del cepellón quede al mismo nivel que la superficie del suelo, de este modo evitará que los tallos jóvenes se pudran. Y no olvide que hay un momento adecuado para plantar, y que ese momento dependerá de dónde viva y de lo que esté cultivando. El momento adecuado para algunos cultivos puede ser incluso varias veces a lo largo del verano, con lo que se obtiene una temporada de cosecha más larga.

Cuidados

Ahora que ya los ha puesto en la tierra, querrá que sus retoños estén felices.
En primer lugar, déles de beber. A las plantas les encanta que el suelo esté húmedo, pero odian que esté encharcado, así que lo mejor es regarlas en profundidad y luego dar tiempo a la tierra para que se seque parcialmente. Y mantenga la regularidad: los riegos irregulares son la receta ideal para una mala cosecha y pueden dar un gusto amargo a hortalizas como la lechuga y el pepino.
Además, si quiere que sus retoños crezcan sanos y fuertes, tendrá que alimentarlos con frecuencia. Utilizar un fertilizante de nitrógeno cada 4-6 semanas es una buena norma, pero, una vez más, adáptese a lo que cultive, puesto que un exceso de fertilizante hará que algunas especies, especialmente los tomates, produzcan menos.
Protéjalos del sol con una capa de materia orgánica que refrescará la tierra, impedirá las fluctuaciones de humedad y reducirá las malas hierbas. Y cerciórese de que se mantengan alejados de las malas compañías. Arranque con frecuencia las malas hierbas y cultive a menudo para evitar que vuelvan a crecer. Y no olvide que la mayoría de los insectos piensan, como usted, que las verduras de cosecha propia son deliciosas. Y también los hongos. Por ello, mantenga a los chicos malos lejos de su huerto con productos fiables y de calidad como los que le recomienda Bayer Garden de su gama huerto en casa: insecticida Neemazal T/S de la gama Natria , insecticida Decis Protech, fungicida Aliette WG o el fungicida-acaricida Elosal GD.

Recolección

Ahora que ha conseguido una buena cosecha, recoléctela y disfrute. De hecho, algunas verduras dejarán de producir si no se recogen cada pocos días. Las puede comer, poner en conserva o congelar. Y si todavía quedan demasiadas, no pasa nada, ¡son tan deliciosas que seguro que tendrán éxito entre sus amigos!