Falta de nutrientes en las plantas


La falta de nutrientes en nuestras plantas acarrea un conjunto de consecuencias variadas: desde el amarilleo de las hojas, menor producción de flores y frutos, menor crecimiento,… Sin embargo, el número de minerales que necesita la planta son tantos que el hecho de determinar cuál es el que les falta se puede considerar todo un reto para un aficionado a la jardinería.

Las plantas necesitan una serie de nutrientes que se encuentran en diferentes proporciones en los suelos. En principio, los  nutrientes básicos de las plantas son el Nitrógeno, Fósforo, Potasio, Magnesio, Calcio y Azufre, denominados macronutrientes.  Y el Hierro, Manganeso, Zinc, Boro, Cobre, Molibdeno y Cloro, denominados micronutrientes.

Los macronutrientes reciben este nombre precisamente porque las plantas los absorben en grandes cantidades, mientras que los micronutrientes lo hacen en menor proporción, aunque todos son igual de necesarios. Sin embargo por diversos motivos dichos suelos pueden carecer de alguno de esos nutrientes esenciales para el desarrollo de las plantas.

Esta necesidad de tantos elementos hace que, para un jardinero aficionado, la principal solución sea conocer qué tipo de suelo tenemos y aportarles abonos y fertilizantes combinados.

Suelos con falta de nutrientes:

Los suelos pueden sufrir una carencia de nutrientes por diversos motivos. En el caso de la agricultura podría ser por un elevado número de cosechas, junto con un descuido a la hora de abonar y fertilizar. Si durante varias cosechas no enriquecemos el suelo, cada nueva planta tratará de absorber sus nutrientes e irá empobreciendo el suelo. También en jardinería esto se pude dar, seguramente en menor medida.

Otro motivo de suelos con carencia de nutrientes es cuando nos encontramos con suelos arenosos que se combinan con meteorología lluviosa. Las lluvias arrastran parte del suelo y lo van desgastando y deteriorando. Y otro motivo por el que los suelos pueden carecer de nutrientes es por antagonismo. Es decir que el exceso de un mineral impida la absorción de otro. Por ejemplo, suelos ricos en potasio dificultan la absorción por parte de las plantas del magnesio. Y por ende, cuando nos encontramos con suelos ricos en magnesio es más difícil para las plantas y cultivos la absorción del magnesio. También es una relación antagónica la que se da entre el calcio y el potasio, y entre el sodio y el calcio y magnesio.

Cómo detectar la falta de nutrientes:

Para un jardinero aficionado como podemos ser todos nosotros, detectar la falta de nutrientes y cuál de todos falta es bastante complicado. En la jardinería y en la agronomía profesional es habitual mandar una muestra de suelo a un laboratorio para que analicen la composición de dicho suelo y poder determinar el mejor tratamiento de enriquecimiento. Sin embargo para cualquiera de nosotros eso es más complicado. No podemos saber el pH del suelo, ni qué nutriente en concreto es el que provoca la falta de crecimiento o el amarilleo de hojas.

Sí podemos saber que hay ciertas plantas más propensas a la clorosis*como son la camelia, el hibisco, la nandina, la tecomaria, la glicinia o el ciclamen, entre otros. Así, si sabemos que estas plantas son susceptibles a la clorosis, cuando veamos sus hojas amarillear podemos realizar un aporte de nutrientes.

A simple vista, un jardinero aficionado también puede detectar las carencias de nutrientes por la textura del suelo. Los suelos arenosos son más pobres que los suelos de textura arcillosa, ya que los arenosos sufren más lavado de nutrientes con la lluvia.

También podemos saber que un suelo rico en materia orgánica (humus) contendrá más nitrógeno que uno que no se abona con materia orgánica.

Y antes de que nos falten los nutrientes que harán crecer nuestras plantas podemos conocer qué necesidades tienen. Por ejemplo, si lo que empieza a amarillear son hojas nuevas y brotes, lo más habitual es pensar en la falta de hierro, cobre, zinc o manganeso. Si, por el contrario, lo que amarillea son hojas viejas, de la parte inferior de la planta, podemos sospechar que se trata de falta de macronutrientes como el nitrógeno, el fósforo, el potasio o el magnesio.


Tipos de suelo y carencias:

Como hemos venido repitiendo, para un jardinero no profesional es complicado conocer qué tipo de nutriente pude faltar en sus suelos. Sin embargo, sí podemos conocer por el lugar en el que nos encontramos algunas generalidades que nos pueden ayudar. En este sentido, en España la mayor parte de los suelos son alcalinos*  por lo que se da una carencia generalizada de micronutrientes (hierro, manganeso, zinc, cobre, boro, molibdeno).

Dentro de nuestra geografía, en Galicia y Extremadura abundan los suelos ácidos* y por tanto ideales para la azalea, rododendro, hortensia, camelia, brezo, gardenia, etc…

Glosario de Términos:

Clorosis:

Condición fisiológica anormal en la que el follaje produce insuficiente clorofila. Cuando esto ocurre, las hojas no tienen una coloración normal verde, sino que es de un verde pálido, amarillo o amarillo blanquecino. La clorosis se produce, entre otros motivos, por la deficiencia de nutrientes, agravado por un nivel alto de pH. Se corrige con suplementos de hierro, magnesio y nitrógeno.

*Suelos alcalinos:

Son suelos arcillosos con pH elevado (>9), estructura pobre y densa, baja capacidad de infiltración y lenta permeabilidad. Difíciles de cultivar para la agricultur.

*Suelos ácidos:

Se denomina así al suelo que tiene un pH muy ácido (pH<5,5) y en el que escasean algunos nutrientes esenciales para las plantas como calcio, magnesio, fósforo, molibdeno y boro.