Tus plantas están estresadas


Es más: ¿pueden sufrir estrés las plantas? Pues, aunque te parezca mentira, sí. La falta de agua, el exceso de calor o de luz, el ataque de una plaga, de un animal o de una enfermedad, los suelos salinos…. Todo ello son motivos para causarles estrés y deteriorarlas.

E l concepto de estrés al que estamos acostumbrados es la reacción fisiológica de los organismos animales ante situaciones que
perciben como amenazantes, por eso puede resultar complicado entender cómo las plantas pueden sufrirlo. Para los vegetales,
el estrés es un factor externo que actúa sobre el organismo. No se trata de una tensión, sino de la intensidad o de la concentración
de determinados agentes externos que les afectan.
Estos agentes o factores pueden ser de dos tipos: factores abióticos* y bióticos*. Los primeros son los que no tienen relación con el organismo, y entre ellos están las condiciones medioambientales que pueden deteriorar a las plantas. Cuando se producen cambios anormales en el entorno, temperaturas extremas, por ejemplo, o cuando hay un cambio en los recursos hídricos tanto por exceso como
por defecto, se produce estrés abiótico. También puede provocarlo el que las plantas reciban menos nutrientes de los que necesitan, o que el terreno sea excesivamente salino o contenga metales pesados en altas concentraciones.
Tanto el exceso como la limitación de luz pueden desencadenarlo también. El estrés biótico* tiene su origen en otros organismos, ya sean
animales, herbívoros, o patógenos*, o vegetales, por ejemplo las sustancias nocivas que pueda segregar una planta vecina (estrés aleloquímico).

Tipos de estrés más frecuentes:

Hídrico. La falta de agua es la causa de estrés más común en las plantas. La manera que tienen de afrontarlo es su adaptación al
medio. Así, las de climas secos o desérticos tienen formas esféricas o ciclos de vida cortos y se mantienen en forma de semilla mientras
el abastecimiento de agua es casi nulo. Muchos árboles detienen su actividad, pierden las hojas o desarrollan muchas más raíces
hacia las zonas más profundas.
En el caso de las plantas y arbustos que podemos tener en nuestros jardines y balcones, pasan por una fase de alarma en la que detienen o ralentizan sus funciones fisiológicas básicas, siendo la reducción del crecimiento foliar uno de los síntomas iniciales. También la falta de
turgencia o el rizado de las hojas.
En una segunda fase de resistencia raíz crece más que la parte externa de la planta, por lo que notaremos que la planta no crece.

Salino. Se produce principalmente en cultivos próximos al mar o a estuarios. Sin embargo, también puede darse a causa de
fi ltraciones naturales de sales o como consecuencia de la acumulación de sales después de riegos sucesivos o tras la evaporación
del agua pura. La manera que tenemos de apreciar si nuestras plantas padecen estrés salino es similar al caso anterior, porque
la consecuencia es también la deshidratación y la respuesta es semejante: reducción del follaje y del crecimiento del ejemplar.

Bajas temperaturas. Fenómeno que se da de manera periódica en el 90% de las tierras secas del planeta. Hay dos tipos de daños:
El primero, por enfriamiento, se da entre los 20 ºC y los 0 ºC y su principal consecuencia es el retraso en la maduración de las flores
y los frutos. Esto se produce porque el enfriamiento retrasa la velocidad a la que se mueven las sustancias dentro de las células, y
el transporte de agua y nutrientes a través de ellas puede variar y afectar la producción de la planta.
En general, la mayor parte de las plantas poseen la habilidad de aclimatarse, pero si los descensos son muy bruscos y se llega al
congelamiento, las consecuencias pueden ser más duras y matar a la planta directamente. Algunas de las plantas de jardín que más
hermosas están en primavera se defi enden de las bajas temperaturas y de la posibilidad de congelación permaneciendo en forma
de bulbo durante los meses más fríos. Es el caso, entre otros, del jacinto y del tulipán. Por su parte, hay árboles que pierden todas la
hojas y otros como los pinos que pueden soportar temperaturas inferiores a los –50 ºC.